Es fácil recordar datos cuantitativos como nombres de picos, altitudes, desniveles, orientaciones, acotaciones geográficas, coordenadas GPS, grados de dificultad en diferentes escalas ... nos sobran mediciones y este blog es sólo para guardar pequeños detalles que sirvan para pulsar el nodo neuronal que dispara en nuestro cerebro evocaciones, recuerdos, sensaciones, sugerencias y demás impresiones cualitativas

2019-04-02

Llena del Bozo (2565 mts)


Llena del Bozo, Llena de la Garganta y Aspe
La Llena del Bozo es el más occidental de la trilogía de picos que dibuja el horizonte que se divisa al llegar a  Aísa. Desde esta localidad jacetana recorremos una decena de kilómetros a través de una sinuosa carretera hasta llegar al aparcamiento de la Cleta. Es en este punto donde dejamos el coche y empezamos a caminar, tratando de revivir la excursión que en 1997 por las mismas fechas realizamos junto a Carli y Pedro. Nada más emprender nuestro camino atravesamos una puerta metálica con cuidado de no golpearnos la cabeza. Tras transitar durante cinco minutos por una pista cementada, el panorama se abre junto al Refugio de Saleras permitiéndonos ver los picos que cierran el valle de Aísa hacia el norte y el tributario valle de Rigüelo hacia el este. Cruzamos de piedra en piedra el todavía en marzo no muy caudaloso Barranco de Igüer y nos encaramamos por la loma que cómodamente nos llevará por el mismo sendero señalizado que se dirige hacia el pico de Aspe.
Dejamos atrás el Refugio de Saleras

Hacia el Este, valle de Rigüelo y Mallos de Lecherín
 Dejamos a la derecha el embudo que nos llevaría a este pico y seguimos el camino que inequívocamente se dirige hacia el norte.
Dejamos a la derecha la ruta al Aspe y enfilamos hacia el collado que separa la Llena del Bozo y Llena de la Garganta
Desde Monrepós teníamos la sensación de que tras este parco invierno en precipitaciones había mejor innivación en el pirineo occidental que en todo lo que queda al este del Valle del Aragón, en cuyas caras sur la nieve comienza muy por encima de los 2000 metros. Es a partir de la cota 1900 de nuestra ruta donde comienza la nieve, punto a partir del cual calzamos crampones.   Progresamos por nieve dura bajo las paredes de la Llena de la Garganta hasta llegar a un canalón que nos obligará a trazar zetas para superar el creciente desnivel. Una vez arriba avanzamos por un blanco valle entre las nevadas laderas de las dos montañas, que nos depositará tras 2 horas y 45 minutos en la Brecha Wallon o Paso de Napazal, desde el que contemplamos el estrecho corredor que sube desde el Barranco de Aspe.
Sobre los 2000 mts

Las peladas laderas de Mesola

Enfilando hacia el canalón

A partir de aquí nos planteamos qué camino seguir para el definitivo ataque a la cumbre. En ausencia de huellas marcadas, aparentemente desde la Brecha se intuye cerca del filo un camino más empinado que el que asciende más a la izquierda rodeando un espolón rocoso. Es por éste por el que nos decidimos al observar unas huellas que después no tendrían continuidad. Error, creíamos que  el sol que llevaba horas calentando esa ladera habría reblandecido la nieve, pero se trata de nieve venteada que no transforma, a veces más hielo que nieve. Ya en el flanqueo previo cuesta clavar las pisadas, pero aún se hace más complicado al intentar progresar por la empinada pala, cortada en su mitad por una faja rocosa que nos hace sudar de lo lindo. A duras penas conseguimos salir del trance y respiramos en un rellano previo a la cima,, a la que llegamos ya sin mayor dificultad. A tenor del descenso que realizamos por la pala más cercana al filo que separa de la vertiente opuesta, parece más recomendable ascender siguiendo esta última opción. 
Desde la Brecha comenzamos el flanqueo. A nuestra espalda la espectacular Llena de la Garganta
Después de superar la dura pendiente damos vista al oeste. Bernera y Bisaurín.
Llegando a la cima

El viento que nos ha acompañado desde el principio se hace notar en la cima, pero bien abrigados nos deleitamos con las vistas hacia los picos occidentales, con el Macizo de Bernera en primer término y el coloso Bisaurín detrás. Hacia el este, las caras norte de la Llena de la Garganta y el Aspe se muestran desafiantes. Bajamos la vista hacia los tupidos hayedos del Valle de Aspe y avistamos sorprendidos el humo que procede de una quema de pastos bajo el Macizo de Sesques, y que después terminó extendiéndose a nuestra vertiente, dejando una ligera calima que empañó en parte el azulado color celeste.
Zoom hacia la Canal de Izas. Al fondo Tres Sorores, y a la derecha Pala de Ip
Bisaurín, y al fondo picos de Zuriza

Ambiente invernal

Pala de Ip, Aspe, Collarada

Midi, Pallas, Balaitous

Hacia el norte, Bozo de Bernera en primer término
Llegando a la cima hemos visto una línea de huellas que tomamos en fuerte descenso hacia la brecha. Al principio con cuidado, pues hay bastante hielo. El descenso no ofrece mayor dificultad aparte de la lógica precaución que precisa la nieve dura. 

Hacia el sur, La Magdalena y Peña Oroel

A diferencia de la ascensión, ahora bajamos directamente a la brecha




El estrecho paso hacia el norte da miedo

A partir de la Brecha Wallon seguimos el mismo camino de ascenso con la nieve ya transformada, lo que permite progresar rápidamente. Después de quitarnos los crampones en la cota 1900, en menos de una hora llegamos al coche. 


Punta Alta de Napazal

Río Estarrún. Al fondo macizo de Bernera y Llena del Bozo
Vista de la ladera este desde la Brecha Wallon, con la ruta seguida

22 años después repetimos la experiencia de subir a la Llena del Bozo, saboreando en esta ocasión la soledad y el silencio que proporciona la montaña entre semana, con el añadido de la exigencia que nos ha requerido el ataque final a la cumbre. Este extraño invierno parecía habernos privado de la nieve, pero si se busca se encuentra. 
27 de marzo de 2019. Enrique y Fernando





2019-03-07

Bernera (2432 mts)

Bernera, desde Lizara
 Anticiclón eterno, sol a raudales  y por supuesto, las estaciones de esquí a tope, y por tanto sus accesos colapsados. Huimos de estas carreteras y nos dirigimos hacia Lizara por la carretera de Los Mallos, como le llamamos nosotros, “territorio sagrado”. Tras el preceptivo almuerzo en Puente La Reina, donde coincidimos con David Naval y compañía (buscando bucardos)  nos dirigimos al refugio de Lizara. Al llegar, nos damos cuenta de que algo raro pasa, no podemos ni acceder con el coche, teniendo que dejarlo de mala manera en la cuneta, unos 200 metros antes del refugio. Los accesos están bloqueados por un montón de vehículos. 
Mientras preparamos el material entablamos conversación con la vecina de parquin. Va sola, y lleva la idea de ir a Bisaurín,  pero cuando le comentamos que vamos a Bernera, se anima y solicita venir con nosotros. No problem, rápidamente adoptamos a Marina la pamplonica,  y en un periquete, tras calzarnos los crampones,  emprendemos la marcha por el GR hacia el collado del Bozo.
Primeras rampas. Atrás queda el Bisaurín
El itinerario está jalonado de banderines rojos. Por delante de nosotros un buen montón de esquiadores ascienden hacia el collado. Está claro que hay competición o algo parecido, por eso el atasco de coches…Vamos siguiendo las zetas de los esquiadores, ascendiendo muy cómodamente y disfrutando de las suaves pendientes.
A nuestra izquierda la barrera rocosa sobre la que se sitúa la cima de Bernera, y también la curiosa Chimenea del Estrato, que ascendimos hace años. 
Punta Alta de Napazal, y en sombra la Chimenea del Estrato. Al fondo a la derecha el collado del Bozo

Rafa nos saca esta foto a Marina y a mí

Llegando al Collado del Bozo
Casi sin darnos cuenta hemos llegado al collado, dando vista hacia el este a la bonita Llena del Bozo, que apenas deja sitio para entrever a sus vecinos Llena de la Garganta y Aspe. Más lejos, Collarada deja ver su figura inconfundible.En el collado hay tres personas con chalecos fosforitos. Nos dicen que son de un club de Durango, y han organizado una marcha no competitiva de skimo hasta el Pico Olibón. O sea, que de momento seguimos con una buena huella, que nunca estorba.
Collado del Bozo. Zoom al Llena de la Garganta
Proseguimos a la izquierda realizando un flanqueo bajo las paredes de la Punta Alta de Napazal, siguiendo los banderines, lo cual es muy relajante. Cuando acabamos el flanqueo, junto a una gran roca realizamos un pequeño descanso. Comemos algo y nos hidratamos, pues el sol calienta bastante.  Momento en el que una pareja nos alcanza, son Jordi y Cristina, de Lérida, y un precioso samoyedo llamado Balú. Llevan la misma idea que nosotros, ascender Bernera y bajar directamente al Valle de Castillones haciendo una circular. Continuamos la marcha los cinco, y tras descender unos metros al fondo del valle superior de Aísa, damos vista ya al Pico Olibón, que destaca sobre los demás. Un poco después abandonamos la ruta balizada y giramos a la izquierda por una empinada pala de nieve, en la que afloran algunas rocas. Este primer tramo tiene una pendiente considerable.  
Flanqueo  bajo la muralla de la Punta Alta de Napazal


Giramos a la izquierda hacia el valle situado entre los dos Berneras

La pendiente se acentúa. Abajo queda ya el valle superior de Aísa

Al fondo del valle destaca la Ruabe del Bozo
 La pendiente se suaviza al llegar a un circo superior formado por Bernera al sur y Ruabe de Bernera al norte. El sol  calienta esta vertiente este y la nieve se va ablandando, así que Rafa y yo pasamos a raquetas al entrar este circo inmensamente blanco. A nuestras espaldas, la Llena del Bozo va adquiriendo la relevancia que se le presuponía.
Marina y yo vamos por delante, detrás Cristina y Jordi, y Rafa, que tiene un problema con la vista, ya que se le ha metido algo de crema solar en los ojos, se queda algo descolgado, pero dada la amplitud del circo, en todo momento nos vamos viendo. Balú va por libre.
El Bernera va tomando forma

Jordi, y Llena del Bozo

Rafa

Viendo lo que nos queda hasta la cima


Aquí se aprecia la magnitud de este valle colgado
Llegamos al collado que nos separa de la cumbre, a la que llegamos seguidamente por una campa de nieve muy dura.  La cima es una gran llanura defendida por una potente muralla. La vista sobre Bisaurín es fantástica.  Coincidimos allí con dos esquiadores, uno de ellos con acento italiano, con el que charlamos de montaña y de perros. Nos cuenta que siempre ha ido solo a la montaña, bueno, solo no, con su perro que le acompañó siempre en sus aventuras, incluso en escaladas y ferratas. Nos habla de que ya no podrá hacer más escaladas con él. Lo relata con mucha ternura. Mientras tanto Balú no dejaba de mirar nuestros bocatas. ¡Que peligro!
Llegando al collado

Y a la cima

Rafa, últimos metros

Jordi y Cristina

Ambiente distendido

Rafa y Enrique

Balú, Cristina y Marina
Repasamos el rosario de cimas que se ven desde aquí. Una grandiosa vista de todo el Pirineo Occidental. Jordi, viendo que los otros dos esquiadores van a descender por la misma ruta que nosotros, propone que adoptemos temporalmente a Cristina, y así él puede descender acompañado. Dicho y hecho, Jordi desciende con los otros dos, y acompañado de Balú. Nosotros bajaremos con Cristina y Marina. Nos ponemos crampones, ya que esta vertiente oeste, por donde descenderemos, está poco soleada y es empinada.
Vista hacia el Pirineo más occidental. Destacan Mesa Tres Reyes y Anie
Seguimos algunas huellas, pero no tiene pérdida. En un principio, la nieve bastante dura hace que bajemos con cuidado, pero sin problemas, salvo algún pequeño resbalón, y mi piolet, que al cambiar de mano, se escurrió unos metros ladera abajo. Sin más. Los últimos metros, ya al sol, tienen algún tramo empinado y estrecho antes de desembocar en el tapado barranco de Castillones, que desciende desde Plana Mistresa. Cruzamos el barranco y enlazamos con el GR que une Lizara con el Valle de Los Sarrios. Unos metros más arriba queda el curioso refugio de Forestales, que parece una pagoda. A partir de aquí, el camino, con una nieve muy blanda y triturada se hace bastante penoso. 
Descendemos por la cara oeste. Al fondo Bisaurín



Bernera. De allí venimos

Ya en el Valle de Castillones. Al fondo Cúpula de Secús y Liouvielle

Dejamos atrás el refugio de Oldacua y después de atravesar un bosquecillo salimos a un alto donde divisamos ya a nuestros pies el refugio de Lizara. Rafa y Cristina nos han cogido la delantera y llegan unos minutos antes. Desde arriba, Marina y yo los vemos junto a Jordi y Balú ya en el refugio. Nosotros llegamos poco después.
Nos hidratamos,  charlamos un poco, y nos despedimos. Ha sido un gran día. De los que se recuerdan mucho tiempo. 
Refugio Oldacoa

Cristina, Jordi, Marina, Enrique, Rafa
Rafa y yo, aún nos detenemos en Aragüés, donde encontramos abierto el bar Bisaurín. Nos tomamos unos carajillos de Bailys. Al otro lado de la barra, Ester, gente encantadora,  con la que charlamos animadamente un buen rato. Por fin, con gran pereza emprendemos el viaje de vuelta por “el territorio sagrado”, prometiendo a Ester que la próxima vez que vayamos por este precioso valle repetiremos el estupendo carajillo junto a la estufa redonda que preside el local. A lo mejor es pronto, porque ya ponemos en cartera la circular al Bisaurín subiendo por el Norte y bajando por la ruta normal del Sur. ¿Quién se apunta?
Un día inolvidable, una ascensión deseada hace mucho tiempo. Una grata compañía, y una lástima no haber podido charlar un buen rato en el refugio con Jordi, Cristina, Marina, y el italiano (creo que se llamaba Martin).
Malditas prisas.

24 febrero 2019. Marina, Cristina, Jordi, Rafa, Balú, Enrique


Track de la ascensión
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