Es fácil recordar datos cuantitativos como nombres de picos, altitudes, desniveles, orientaciones, acotaciones geográficas, coordenadas GPS, grados de dificultad en diferentes escalas ... nos sobran mediciones y este blog es sólo para guardar pequeños detalles que sirvan para pulsar el nodo neuronal que dispara en nuestro cerebro evocaciones, recuerdos, sensaciones, sugerencias y demás impresiones cualitativas

2010-11-16

Pico de los Monjes (2349 mts) y lagos de Ayous

Justo antes de llegar a la primera población francesa desde El Portalet -Gabás-, tomo el desvío que se dirige al aparcamiento de Bious Artigues. Estos 4 kilómetros son una delicia otoñal, un bosque encantado del que emanan todos los colores. La última rampa antes del aparcamiento está cubierta de nieve y las ruedas del coche llegan a patinar ligeramente. Dos autobuses han llegado antes que yo, y dos grupos numerosos emprenden el camino mientras me calzo las botas.
La presa de Bious Artigues está bajo mínimos; comienzo a caminar, pero la belleza del hayedo me obliga a detenerme continuamente. Hay que andar con cuidado, la pista que se dirige al llano de Bious está helada. La nieve ha llegado cuando el otoño aún tiene mucho que decir. Al llegar al gran rellano, tomo un desvío a la derecha que me hace ganar altura entre el bosque. Tras más de 50 minutos de absorto caminar veo los primeros rayos de sol. El camino se despeja.
La ruta de lagos de Ayous discurre por cinco ibones. Los cuatro primeros se encuentran en ascenso, el quinto lo alcanzaré ya de bajada. Tras tomar altura sobre el primero de los lagos, el de Roumassot (a 1845 m. de altitud, decido parar a almorzar. El Midi d'Ossau, en contraluz, se refleja majestuoso sobre las aguas. La fotografía se repite al alcanzar los lagos de Miey y Gentau, en cuya orilla se encuentra el refugio de Ayous, a poco más de 2.000 m. de altitud.
Empiezo a pisar nieve camino del lago Bersau, cuyo último recodo está ya congelado. La ruta de los lagos termina su ascenso justo cuando emerge sobre mí una altiva pose del pico Casterau, y bajo mis pies diviso el Vallon des Moines, que me llevará al collado fronterizo del mismo nombre, antesala de la subida final al Pico de los Monjes. Lo malo es que desde este punto tendré que descender unos cien metros y volver a subir hasta el collado. No me siento solo, la omnipresente silueta del Midi acompaña mis pasos.
Al llegar al collado el paisaje se abre. Justo enfrente de mí, Astún y Candanchú, y más cerca, el Ibón de Escalar parcialmente helado me recuerda que ya estamos casi en noviembre. Un cómodo camino fronterizo me lleva hasta la falda del Pico de los Monjes, de nuevo ya en territorio francés. Una entretenida trepada me deja en la cima, a 2.349 m. de altitud.
Un amplio panorama, una luz otoñal, ideal para fotografiar los picos en todas las direcciones; en definitiva, un gran mirador.
El descenso será mucho más corto. En menos de una hora conecto con el sendero de la ruta de los lagos, y enseguida llego al último de ellos, el de Casterau, a la sombra del pico del mismo nombre. De vuelta al llano de Bious, el camino se vuelve incómodo y embarrado. Llego a las cabañas de Hosse, antesala del gran rellano, cuyo contorno es pasto de las hayas. El camino se ensancha, la gran planicie es un remanso de paz sobre el que el sol apura sus últimos rayos. Cruzo el puente sobre el río que serpentea sobre el llano y recupero la pista de la que me desvié por la mañana. Vuelven los colores del hayedo y respiro profundamente, tratando de retener este aire fresco, húmedo y puro como el recuerdo de un gran día.

Octubre 2010. Fernán

4 comentarios:

  1. Fernán, tu relato impregnado de poesía huele a musgo, a setas, a niebla, a piedra mojada. Confío en compartir contigo este año tantas invernales como el pasado.

    Rafa

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  2. Rafa, tu nueva foto está en consonancia con el comentario que acabas de hacer.
    Fernán, estupendo el reportaje.

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  3. Buen planteamiento el de este blog, Enrique. La presentación en forma de diapos permite concretar de una manera accesible y de primera vista las reseñas de la ascensión. Seguiremos viéndonos.
    Un saludo

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  4. Unos lugares preciosos, Rafa.
    Muy bonito y descriptivo el relato de Fernán.
    Besos.

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